Digo apago al Sevilla

Diego Costa comenzó a levantar su propia estatua en una eliminatoria de Copa jugada ante el Sevilla, allá por 2013, en la que puso de manifiesto que lo suyo iba en serio. Cinco años después, el de Lagarto ha dado forma a un tipo de delantero en cuyo estante sólo se encuentran él y el uruguayo Luis Suárez, lugar desde el que reivindica la necesidad de retarse continuamente y configurar un escenario psicológico único, en fondo y forma. Para eso volvió al Ramón Sánchez-Pizjuán, para desconectar al finalista de Copa y ofrecer a los suyos un contexto de posibilidades. Los de Montella comenzaron bien pero Diego Costa entró en sus mentes para activar desde lo mental la superioridad táctica que mostraría su equipo durante toda la noche.
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Y arrancó bien el Sevilla más reconocible, de iniciativa y ritmo alto, el que ataca de forma agresiva, con muchos hombres y sin tomarse demasiado tiempo en las bandas, con combinaciones que ponían a sus extremos en el espacio y el tiempo más propicios para encontrarse con Oblak. Pero en mitad de ese arreón, se coló Diego Costa para revolotear tanto en lo futbolístico como en lo psicológico y comenzar a separar las líneas del Sevilla, para darle recepciones a su equipo y para instalarlo arriba. El Atlético empezó perdiendo la pelota algo pronto pero no tardó en mostrar el plan de partido que había orquestado su entrenador, consistente en no replegar en ningún momento de la cita.
Mucho tiempo después, el técnico argentino utilizó a Koke y Saúl Ñíguez en los costados, la versión de los cuatro centrocampistas y dos puntas que emparejaba al Atlético con las noches más cerradas y de mayor épica, sobre todo ante el Fútbol Club Barcelona. Y lo cierto es que con ellos, es con quienes mejor defiende su equipo cuando el bloque juega muy arriba y una vez la pierde se queda en campo contrario. Entre las dudas sevillistas, aparecidas mediada la primera parte, el Atlético comenzó a dominar posicionalmente el choque. Se juntaba en izquierda, como suele hacer, y achicaba espacios en lugar de formar un bloque bajo. Con los canteranos mordiendo y haciendo jugar a Banega de espaldas, la desconexión sevillista comenzó a abrir demasiadas puertas.
Costa aprovechó todo lo que estaba pasando, puso el 1-0, y desde ahí, el Atlético no sólo no esperó para salir a la contra, sino que quiso continuar con su plan de presión y líneas
.Encuentra zapatillas y botas de fútbol baratas:Magista, Mercurial superfly, Tiempo. adelantadas. El Sevilla, preso de los nervios, comenzó a rifar balones, y los que iban pensados eran demasiado verticales. Su cerebro, Ever Banega, también tropezó mentalmente y perdió el hilo del partido, el que podría haber dado a los suyos un acomodo en campo contrario. Como respuesta, Antoine Griezmann se inspiró para estar presente en todos los goles, de un modo u otro, con acciones individuales o toques extraordinarios. La táctica de Simeone, precedida por el apagón creado por Costa y sucedida por la magia del galo, conquistó Nervión.