Doble Pivote de Brizzo

El Sevilla FC cosechó en Anfield un resultado fantástico pero emitió sensaciones harto preocupantes. Lo peor que puede sentir un aficionado hispalense deriva de que a su equipo le falte energía o bravura (de ahí el famoso cántico “¡Sevilla, échale…!” en cuanto las cosas no funcionan), y en este arranque del proyecto de Berizzo, es eso lo que evoca su fútbol. Por supuesto, no se trata de falta de ganas, sino de problemas tácticos muy concretos que impiden el despegue -y el despliegue- del talento que atesora la plantilla. El principal, sin duda, radica en la escasísima compenetración que están padeciendo Guido Pizarro y Steven N´Zonzi en el doble cinco. Tienda de camisetas de las Selecciones para el Mundial 2018, de alta calidad y al mejor precio.
N´Zonzi ejerció durante años como box-to-box en dibujos de doble pivote; es decir, no le resulta desconocido dicho rol. Sin embargo, cuando un futbolista prueba las mieles de la gloria, le cuesta mucho trabajo volver a disfrutar de sabores más mundanos, y el francés sobresalió a lo grande el año pasado actuando como mediocentro único. Su instinto le lleva ahora a pedir el primer pase, a aliarse con sus centrales, a ser quien tome las decisiones sobre por dónde y a qué velocidad debe iniciar el Sevilla sus ataques; de ahí que la circunstancia de compartir medular con Guido -un inequívoco centrojás latinoamericano- le esté dificultando expresarse como quiere. Al final, el Sevilla expone un sistema donde sus dos centrocampistas más retrasados se retrasan aún más para conectar con los de abajo, y por supuesto, encarándose hacia su propio arco en vez de hacia el rival, favoreciendo de manera nítida la presión del adversario. Pecado mortal ante este Liverpool FC de Jürgen Klopp.Camisetas y equipaciones de la La Ligue 1 francesa: Paris Saint Germain, AS Mónaco, Marseille.
Durante la primera mitad, contra Pizarro y N´Zonzi, el Liverpool se mostró como el mejor equipo que puede ser. Henderson, Wijnaldum y Can dominaban el ritmo del partido con sus acosos -más que robar en sí, precipitaban las salidas del Sevilla forzando pases en largo sin ton ni son- y los tres delanteros desplegaban sus encantos. La superioridad individual de Sadio Mané frente a Mercado suponía un desagüe importante, y qué decir sobre las incursiones desde atrás de Alberto Moreno, que en términos de precisión, bien pudo resultar el hombre de la noche. Pero aquello no era sino un conjuro avivado por las trabas en la construcción de ese, todavía, inconexo Guido-Steven. Tras la lesión del argentino, entró Pablo Sarabia al campo y el Sevilla FC se reestructuró hacia un 4-3-3 con Banega y Sarabia de interiores y N´Zonzi solo como pivote. ¿Se pasó a jugar bien? No, pero sí que se dejó de ser anticompetitivo en los primeros pases. Y sin ese punto de partida, los locales no pudieron seguir presionando igual y dejaron constancia de su verdadera realidad: es un conjunto, hoy día, incompleto y con pocas virtudes de lo que, se supone, debe ser un candidato canónico a la Champions League.
Reconvertida la carroza red en calabaza, los pulmones de Corchia como extremo derecho y la técnica de Muriel como delantero centro dieron contexto al genial Joaquín Correa para marcar el primero de los goles que recordaremos siempre si termina transformándose en el futbolista que, por clase y condiciones, está capacitado para ser.